Qué es y qué traerá el internet de las cosas

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En 1999, el británico Kevin Ashton trataba de convencer a una empresa de productos de consumo de que instalara sensores en los empaques de sus productos, para recabar datos sobre su ubicación: en bodega, a la venta en estantería o vendido. No era una idea nueva. Ya entonces, el Sistema de Alerta Sísmica Mexicano funcionaba bajo el mismo principio, un sensor que transmite datos a un destino con un cierto propósito. Pero la pertinencia de lo que Ashton proponía no tenía el peso de saber por anticipado que un sismo va a ocurrir. Ashton se dio cuenta de que necesitaba capturar la imaginación de sus escuchas y así fue que acuñó el término internet of things (internet de las cosas, en inglés, o IoT, como tiende a conocérsele).  

El propio Ashton reconoció después que sería mejor si hubiera hablado del internet para las cosas, pues se trata justamente de eso, conectar a la red cualquier cosa que tenga un interruptor de encendido –cafeteras, lámparas, automóviles, perforadoras de pozos petroleros, motores de avión, lo que sea–, y controlar su funcionamiento sin la necesidad de tenerla al alcance de la mano.  

En principio, esas conexiones no tienen que ceñirse a personas con aparatos. Los aparatos también pueden conectarse entre sí: un sensor en un tanque de gasolina y un geolocalizador pueden coordinarse para advertir al conductor, sin que lo solicite, sobre la conveniencia de cargar combustible en una gasolinera próxima, porque conocen la cantidad disponible en el tanque, la ruta del vehículo, su ubicación geográfica y la de la gasolinería. Una “empacadora inteligente” puede compilar automáticamente una lista de insumos —cajas, etiquetas, bolsas, etc.— y enviar pedidos a los terceros proveedores, para asegurar entregas justo a tiempo. 

Lo que actualmente ensancha enormemente las posibilidades de ese principio elemental son, por principio de cuentas, dos factores. Uno es la generalización del servicio de internet de banda ancha; otro, el abaratamiento de los dispositivos para recabar, procesar y transmitir datos, que propicia su instalación en infinidad de aparatos. 

Datos y más datos 

Lo que ahora hace del IoT un concepto tan común de escuchar es otra innovación tecnológica. Si cientos de miles de aparatos se comunican entre sí como nodos de una red, el proceso de obtención de datos se amplía exponencialmente. Algunos ejemplos de fuentes de datos son los sistemas existentes, ERPs, CRMs por ejemplo. Existe otra, el teléfono celular y las decenas de apps que el usuario promedio le instala. Ubicación, aceleración, velocidad, temperatura y nivel lumínico son parámetros que cualquier teléfono puede detectar. Combinados con información de contexto a través de la app que los recaba, se convierten en información acerca del portador del teléfono, sus necesidades, intereses, actividades y hábitos.  

Resulta difícil abarcar de un solo golpe el potencial de penetración que tiene el IoT en todos los aspectos de la cotidianidad. Un planteamiento extremo, el de ciudades inteligentes, postula que un día el IoT hará realidad un grado de interconexión que permita controlar todas las redes que hacen posible la vida en una ciudad, desde la distribución de agua y electricidad hasta los semáforos que regulan el tráfico y los trayectos de los camiones para recoger basura, de modo que todo ocurra perfectamente sincronizado y con los máximos de eficiencia.  

Red 5G e Inteligencia artificial, complementos clave  

Sin embargo, la abundancia de datos suscita otras dos cuestiones, la de los canales para transmitirlos y la de las herramientas para procesarlos.  

La instalación, puesta en servicio y ampliación de las redes 5G durante los años por venir sumarán a las posibilidades y disponibilidad de los recursos del IoT. En términos generales, ofrecen una capacidad de operación 20 veces más rápida que las redes inalámbricas actuales. Hacer realidad un sistema de taxis autónomos a nivel urbano, una de las cuestiones que se menciona con frecuencia en relación al IoT, implica transmitir una cantidad de datos que solo es posible mediante redes de capacidad muy superior a las actuales.  

En cuanto al procesamiento, es ahí donde entran en juego los avances más recientes en tecnologías de la información. Ya es posible instruir a los algoritmos a que aprendan a identificar las anomalías o los patrones inusuales dentro de un flujo de datos. De manera inmediata, el procesamiento de datos mediante sistemas inteligentes abre la posibilidad de optimizar la operación de los negocios. Aunque el punto de partida sean los datos de los consumidores, las posibilidades no se limitan solo a los procesos de mercadeo, distribución y venta. En función de las condiciones particulares y los diferentes modelos de negocio, las empresas pueden extender el aprovechamiento a los procesos de fabricación y extenderlos más allá, a la cadena de procuración de suministros. 

También es previsible que los dispositivos para captar datos se hagan más sofisticados. Una cámara de vigilancia en una red que sirva para coordinar los servicios policiacos será más útil si en lugar de enviar a un servidor central horas y horas de video en las que no ocurre nada digno de atención, se diseña incorporándole atributos de inteligencia artificial que le permiten realizar un discernimiento inicial entre lo habitual y lo que sale de la norma.  

Efectos económicos  

Conforme se propaguen más y más los nodos de obtención de datos (sean teléfonos inteligentes o microchips en instalaciones fabriles y almacenes) y las capacidades de procesamiento sean más poderosas, los efectos económicos crecerán también. De acuerdo a una estimación de la consultora McKinsey, las mejorías atribuibles al IoT en el crecimiento económico podrán ascender en 2025 a más de once billones de dólares al año (se entiende aquí que un billón equivale a un millón de millones). 

En el futuro inmediato, la expansión más importante del IoT se prevé en el sector manufacturero. Su presencia ya es común en artículos de consumo. La categoría “hogar inteligente” ya se encuentra en más de una tienda en línea, con decenas de aparatos susceptibles de controlar a distancia. Pero en el sector de fabricación de bienes de capital es donde se prevé mayor potencial, conforme los equipos y maquinarias de las fábricas adquieren “inteligencia”. 

Consideremos tres aspectos del proceso de fabricación. Primero, el manejo de inventarios, que dio lugar a la idea inicial de Ashton. En la medida que se puedan automatizar las tareas rutinarias que requiere el manejo y seguimiento de inventarios, se podrán asignar los recursos a las tareas donde el discernimiento humano es fundamental. Otro aspecto es el binomio productividad y eficiencia en la fabricación. Si los aparatos y las líneas de producción se pueden comunicar entre sí en tiempo real, se avanza en la automatización del proceso productivo. Al analizar los datos que se recaben con los aparatos mismos, una empresa puede identificar oportunidades adicionales de optimización. Un tercer aspecto lo constituyen los datos en sí. El IoT permite que los diversos participantes de una cadena de suministro compartan sus datos, a fin de apalancar la toma de decisiones sobre la base de información objetiva. 

Por otro lado, es previsible que ocurran ajustes en los diferentes modelos de negocio. Un usuario de taxis urbanos puede estar dispuesto a que la empresa de transporte comparta sus rutas habituales con anunciantes, si a cambio obtiene tarifas más reducidas. ¿A cuál sector pertenecería una empresa de taxis en este caso, el transporte público o la mercadotecnia? Otro ejemplo, un fabricante de aparatos de cocina. Mediante aparatos inteligentes podría recabar datos sobre los hábitos de consumo de una familia que los proveedores de asesoría en nutrición o ejercicio podrían estar dispuestos a comprar. 

Un desafío doble, privacidad y confidencialidad 

El tráfico de datos suscita un reto mayúsculo. Cuando tantos dispositivos recaban y transmiten datos, ¿qué garantías tienen los particulares de que su información personal está a en buenas manos? La necesidad de tener una respuesta adecuada a esta cuestión no cesará de crecer, pues está comprobado que en la medida que el volumen de datos a través del internet ha crecido, los incentivos para robarlos —y el número de quienes se esfuerzan en lograrlo— se han multiplicado.  

El 23 de octubre de 2019 se anunció el “Comunicado de intención respecto del IoT” entre gobiernos de cinco países anglosajones (Australia, Canadá, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Reino Unido). El documento reconoce que el IoT “crea inmensas oportunidades y beneficios a la sociedad”. Pero señala las “fallas de atributos básicos de seguridad” en numerosos dispositivos, las “serias consecuencias a las personas, las economías y la seguridad nacional” que dichas fallas pueden acarrear y la necesidad de trabajar en conjunto para resolver “un asunto de alcance mundial”.  

La responsabilidad no para en la autoridad. De manera puntual, el documento destaca la expectativa pública de que “los fabricantes desarrollen los dispositivos incorporando recursos de seguridad desde el diseño”. No habían pasado dos semanas de que se anunciara el comunicado cuando Amazon liberó un parche de seguridad para un dispositivo que vende en el departamento de seguridad para el hogar, luego de que expertos en seguridad descubrieran que el aparato diseminaba las credenciales de red inalámbrica durante el proceso de instalación. Un episodio revelador. 

El asunto implica, por supuesto, a los negocios, que deben ser transparentes en cuanto al manejo que hacen de la información.   

Las perspectivas en el mercado mexicano 

En diciembre pasado, Forbes estimó que la “oportunidad de negocio” del IoT en América Latina ascendía a más de 27,000 MDD. De esa estimación México representa más de la quinta parte, casi seis mil millones de dólares. Como fuentes de información, la revista citó, entre otros, a la analista IDC (International Data Corporation), que al publicar en agosto de 2019 su pronóstico para el periodo 2020-2024 aseguró que, a pesar de las perturbaciones causadas por la pandemia, “el IoT desempeñará un papel importante, conforme las organizaciones avanzan en el camino hacia la recuperación y la ‘siguiente’ normalidad”.  

Otro pronóstico en el mismo artículo plantea un panorama aún más favorable para este segmento del sector informático. Del total de dispositivos domésticos inteligentes en la misma región, a México le corresponderá en 2024 la tercera parte, 93 millones de aparatos.  

En Lennken Group nuestra prioridad es mantenernos a la vanguardia con las tendencias en tecnología, para ofrecer a nuestros clientes estrategias nuevas, que les permitan resolver sus problemas de negocio de forma certera y sacando provecho del expertise que nos dan 17 años en el mercado.  Para más información, escribe a mauricio.prieto@lennken.com 

Mauricio Prieto

CEO de Lennken Group

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